VAMOS A LA MESA Vol 4: LA HORA DEL LONCHESITO
- Todos a la mesa
- 26 jun 2023
- 3 min de lectura
Como las costumbres tan sencillas como comprar el pan son parte de nuestra identidad y nos relaciona a la ciudad no dejan de sorprender. Ampliemos el panorama.
Dan las 5 de la tarde, corre un aire fresco. Los autos se aproximan mientras el tráfico inminente augura una larga travesía a casa. En una esquina de las que se encuentran en el centro de Lima, una radio toca la hora del lonchesito. Como un timbre de colegio, los lugareños con sendas bolsas en mano se dirigen a otro punto de reunión que ya para muchos, es rutinario.
Así, con agradable ambiente, cálido y apetitoso las panaderías se relacionan a la vida diaria de las personas. Pero, podemos pensar que la tradición que forman tiene su núcleo en la época donde por las calles pasaban carrozas antes que autos.
En el Jr. Huancavelica, en medio del centro histórico de Lima se establece desde hace más de 70 años la panadería tradicional Las Nazarenas, dirigida por Sergio Arakaki de la tercera generación de la familia, Hijo de Víctor que a su vez la heredó en 1996 la panadería de su padre. Junto a su familia, los dulces, panes y demás productos hechos artesanalmente prevalecen casi idénticos para los clientes que la visitan, quien sabe desde hace cuantas generaciones atrás.
Y es que cuenta Sergio que allá por los años 50 un jovencísimo abuelo Arakaki compra la panadería a otra familia nikkei consolidada en la zona, que a su vez la adquirieron de otro propietario. Según se cuenta, la edificación de la antigua panadería se le atribuye a la fundación de la iglesia las Nazarenas allá por los años 1771 por orden del entonces Virrey Amat y Juniet.
El antiguo horno según las personas más entradas en edad que visitan el local, era parte del pequeño fundo que incluía la parroquia, donde los padres por las mañanas horneaban los dorados panes para su consumo, que luego vendían a los viajeros y vecinos del populacho. Pasamos entonces a contar con aproximadamente 252 años de historia que sobreviven y se adaptan según los años.
Y es que en muchas iglesias y conventos del centro aún se toma como tradición la preparación de postres tradicionales como en la iglesia Nuestra Señora de la Merced, que de hecho es la única iglesia de estilo barroco en Lima. Seguro la conoces. Donde todas las tardes las monjas se paran llamando a los comensales con sus campanitas ofreciendo humitas, mazamorras, champús y demás delicias.
La calle en sí misma, rodeada de balcones y casas históricas como la del Almirante Miguel Grau tienen unas tradiciones antiquísimas que contar. Pero volviendo un poco al presente, tras el derrumbe de la muralla de Lima y el avance urbano la panadería las Nazarenas se estableció como un local propio, con el avance de los años estableció una identidad que prevalece la tradicional Lima de antaño, la evoluciona y atrae a nuevas generaciones.
Nosotros probamos su famosísimo turrón (12 soles 500gr), que a grandes rasgos destacamos su textura suave que fácilmente se partía con el tenedor, de sabores afrutados y sin empalagar deja claro el por qué, en el mes morado, forma largas filas que se extienden por cuadras para su venta. Otra adición son las rosquitas y cachitos que de similar forma acompañan un té o café negro y que rivalizan con el turrón. Otro punto a favor es la crema de leche artesanal que usan para rellenar milhojas y alfajores que no duran más de 30 minutos luego de ser expuestos en el anaquel.
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